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No solo se diseña para saber más

Cada vez que iniciamos una nueva aventura educativa, es la programación y el diseño de las unidades de aprendizaje y sesiones, lo primero que nos viene a la mente. En muchas ocasiones, al inicio del año dedicamos días o semanas a la titánica labor de tener “todo listo” antes de empezar -como si esa labor no fuera ya, haber empezado-.

Esa práctica, está basada en el hecho de que los estudiantes de un determinado grado o nivel han culminado la etapa anterior sabiendo algo -que se programó- y este año deben aprender lo que sigue, según indica el currículo.

Cuando pasa esto, nos enfrentamos a una realidad en las aulas, muy distinta a la que imaginamos. Los maestros con más experiencia atinan algo más que aquellos más novatos, pero los grupos de estudiantes nos suelen sorprender; y es así que se empiezan a rotular a las clases o promociones: “Los de 3º son muy buenos en números”, “Los de 5º son súper conversadores”, “Los de 1º son muy responsables”, y así. Y es que no hay 2 personas iguales, menos 2 grupos humanos; más aún cuando diversos factores -entre ellos la tecnología digital- contribuyen al cambio sobre cómo aprendemos. Al final, la programación anticipada solo sirve para llenar archivadores que nadie revisará o carpetas -físicas o digitales- inútiles; que deben recibir “ajustes” a cada momento. ¿Y todo el tiempo empleado al inicio del año para preparar todo con anticipación? Pues, ya saben la respuesta.

¿Es ideal programar todo un año de trabajo docente antes de iniciar el año escolar, sin siquiera haber conocido a los estudiantes? La respuesta de maestro más evidente, basada en la pedagogía, sería: “¡No!, no es lo ideal”. Cómo saber por dónde empezar sin un diagnóstico, sin conocer a los estudiantes, al menos un poco; sin saber qué les mueve, qué les interesa, cuáles son sus hobbies, qué deportes practican, cuáles son sus materias favoritas, por qué no les gusta determinada materia, cuál es el nivel de logro de sus competencias, etc. Ese conocimiento es fundamental para el diseño, si queremos dejar de lado la redundante frase: “Eso ya lo tienen que saber” (que dicho sea de paso, lleva consigo el tradicional sesgo cognitivo).

Como menciona Julie Dirksen en su libro “Design for how people learn”: “Las experiencias de aprendizaje son como viajes. El viaje empieza donde el estudiante está ahora y termina cuando el estudiante es exitoso (como quiera que eso se defina). El final del viaje no es solo saber más, es hacer más”; el aprendizaje implica llegar de un punto a otro, y a esa distancia se le suele conocer como: brecha (gap). La pregunta que cabe es: ¿Cuál es la brecha de mis estudiantes? ¿Qué les hace falta para llegar de un lugar al otro? ¿Cómo definir el camino sin conocer el punto de partida?. Y la respuesta no la encontraremos jamás, si no conocemos mínimamente a nuestros futuros alumnos. Más aún, si la brecha no solo implica una diferencia entre cuánto se sabe o se conoce sobre determinados temas.

Para diseñar, es importante saber entonces que existen brechas de diferente tipo:

  • De conocimiento
  • De habilidades
  • De motivación
  • De hábitos
  • De ambiente
  • De comunicación

Identificar cuál o cuáles brechas están presentes en nuestros estudiantes, y que tan grandes son, permitirá diseñar -utlizando la tecnología, si fuera necesario- para crear, adaptar y personalizar experiencias de aprendizaje que fomenten el aprendizaje independiente y se adapten a las diferencias y necesidades de los estudiantes (ISTE, 2019).

Las nuevas formas de aprender han traído consigo nuevas formas de enseñar, por las que nos solemos preocupar mucho últimamente, en cierta medida obligados por la pandemia; pero estamos olvidando un tema central: también debemos repensar el diseño. No es un tema menor, es central; el diseño es una variable tradicionalmente subestimada en la enseñanza presencial que hoy, debido a las circunstancias y a la presencia de la tecnología digital, debería asumir un rol protagónico.

Si alguna vez nos preguntamos, antes de iniciar un periodo lectivo; ¿Por dónde debería empezar? La respuesta es simple: Por identificar las brechas de nuestros estudiantes. Todo lo demás, se construirá en función a dicha información.

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